“YA ME PARECÍA A MÍ QUE ERAS DEMASIADO HUMANA, PARA SER HUMANA”

La Teniente Ripley a Annalee Call cuando descubrió que era un robot (Alien Resurection)


martes, 5 de abril de 2016

‘The Independent’ publica su última edición en papel

‘The Independent’ publica su última edición en papel


Hace unos días leí esta noticia que ya no me produce una gran sorpresa, pero me hizo recordar tiempos en los que yo iba predicando en el desierto al respecto.

Muchas veces he comentado que la primera vez que di una conferencia sobre Internet como medio de información fue en el año 1998, lo cual no carecía de mérito, si se tiene en cuenta que el primer mensaje comercial se emitió por la red en 1995.

Durante el año 1997, mi amigo David Turner y yo viajábamos cada mes a Bogotá y nos solíamos alojar en un hotelito de 9 habitaciones, donde la dueña nos preguntaba a qué hora pensábamos volver para encendernos el fuego en la chimenea, porque en Bogotá por la mañana hace calor, pero por la noche un frío que pela. Por cierto en uno de aquellos viajes estuve en esa ciudad con Miguel Angel Bañuelos que es un hombre que tiene un profundo conocimiento del continente americano y de cada uno de sus países. Y me decía sobre el clima de Bogotá que a lo largo del día se sucedían, la Primavera, el Verano, el Otoño y el Invierno. Y era cierto.

Pues bien, como decía, cuando volvíamos David y yo al hotel teníamos bastante tiempo libre hasta la hora de ir a cenar un ajiaco santafereño que a mí tanto me ha gustado desde entonces y estuvimos pensando en escribir un libro o una conferencia sobre ese fenómeno que empezaba a inquietarnos y que ya se conocía como Internet. Después ya veríamos donde dábamos la conferencia o quien nos publicaría el libro.

Hay que situarse en aquel año para saber que conseguir información no era tan fácil como ahora que se ha inventado el verbo “googelear”, y menos sobre un tema del que se publicaba más bien poca cosa.

Fueron unos cuantos viajes y muchas tardes pasadas “al amor de la lumbre” y también mucha comunicación entre Barcelona y Sao Paulo que es donde vivía y trabajaba David por aquellas fechas. Pero finalmente conseguimos tener la conferencia preparada para ser dictada en algún sitio.

Y el sitio después de hacer muchos pasillos y despachos por distintas ciudades del mundo, (recuerdo concretamente Seúl, NY y Londres donde tuve que viajar por esa época), cosa en la que entonces yo era especialista, fue en el Congreso Mundial de la IAA que se celebró en El Cairo en el año 1998. El tema del Congreso fue Interaction: the 21st Century y el entonces presidente mundial de la IAA consideró que nuestra charla era adecuada a la temática.

La verdad es que la charla ante 2.000 publicitarios de todo el mundo fue un éxito, a pesar de que nosotros hablábamos antes de la Sra. Mubarak, y los de Seguridad se pusieron muy nerviosos porque nos tomamos más tiempo del que teníamos para poder terminar.

Ahí nuestra apuesta de futuro era que en 50 años todos los medios confluirían en Internet y que éste sería “EL MEDIO”.

Tuvimos tanto éxito que nos creímos que podíamos ir transmitiendo este mensaje y así poder ayudar a alguien a adelantarse a su tiempo. Já! El conservadurismo que acecha a las empresas nos hizo darnos de bruces con la realidad.

Al año siguiente la editorial del diario El Tiempo de Bogotá perteneciente a la familia Santos, uno de cuyos hermanos (creo que eran 6) Juan Manuel, hoy es presidente del país, me invitó a dar tres conferencias en las tres mayores ciudades del país: Bogotá, Cali y Medellín y allí me fui a “impartir doctrina digital”.

Fueron espectaculares los revolcones que me dieron en cada una de las ciudades, porque eran tan conservadores que me dijeron que eso de que las ediciones de papel serían sustituidas por digitales no pasaría nunca. Incluso, Luis Fernando Santos el entonces Presidente del periódico, me pedía que modificase un poco el discurso porque excitaba a sus periodistas.

Ese mismo año me pidieron los de AEDE (Asociación de Editores de Diarios) que diese una charla en su reunión anual y la hice sobre el mismo tema. “Crucifixión” fue el comentario más leve sobre lo que yo proponía, que era simplemente que en el futuro tendrían que modificar su modelo de negocio por la importancia que adquirirían los periódicos digitales.

Cuanta incomprensión he tenido que vivir, cuantas críticas a esa postura y propuesta y cuantos sapos tragados en foros públicos. Pero uno ha seguido pensando lo mismo y siente ahora una enorme satisfacción cuando la evidencia le da la razón.

Todos los periódicos han tenido que modificar sus modelos de negocio como consecuencia de la necesidad de desarrollar ediciones digitales. La pena es que hayan tenido que atravesar el desierto de las pérdidas millonarias año tras año para convencerse de hacerlo. Sí, ya sé que no ha sido solamente lo digital. La crisis ha sido el detonante definitivo que les ha llevado al borde del abismo y les ha obligado a reconvertir sus empresas; y aún así todavía quedan muchas en permanente reconversión. 

Que satisfacción que una empresa como la que creó mi amigo José Sanclemente, el diario.es se esté desarrollando, sana y libre en el mundo digital y que se esté convirtiendo en el gran referente de la prensa en ese medio.

Pero aún quedaba que se produjese la transformación en la prensa que el gran Nicholas Negroponte definió como el paso “del átomo al bit”. Por cierto su libro con ese título transformó mi vida.

Y cuando un título de la trascendencia del Inglés The Independent, da ese paso, mi felicidad aumenta muchos grados en la escala del Richter de felicidades.

Por cierto, si alguno se está preguntando si llegamos a editar el libro, diré que sí.

Me paseé por varias editoriales especializadas en España y por aquella época a nadie le interesó publicarlo. Pero David Turner consiguió que nos lo publicasen en Brasil, en portugués, claro!

El título tanto del libro como de la conferencia fue, en homenaje a un viejo álbum de The Moody Blues:

TO OUR CHILDREN’S CHILDREN’S CHILDREN



莫耶稣Mo Ye Sú
Jesús Muñoz

上海,201641日,

Shanghai, 1 de Abril de 2016.



miércoles, 3 de febrero de 2016

GLOBALIZACIÓN Y TRADICIÓN

DESDE EL DELTA DEL YANG TSÉ

Globalización y tradición.
Con este título he publicado mi primera columna del año en la Revista Anuncios

Este es el texto:  
Muy frecuentemente me he encontrado en mi vida profesional ante la disyuntiva de tener que decidir sobre esta cuestión.

¿De qué manera la globalización afecta a la tradición cultural?

¿Hasta que punto la globalización puede acabar con las tradiciones?

Recuerdo que hace años, yo tenía una relación muy cordial especialmente en el ámbito profesional con alguien que seguramente no resulta desconocido para los lectores de esta publicación; estoy hablando de un tal Martin Sorrell. Posteriormente un grupo de desalmados se empeñaron en destruir esa relación y lo consiguieron, seguramente por la tibieza de mi actitud ante el hecho.

Pero en fin, a lo que me quiero referir no es a la experiencia personal, sino a algo en lo que este hombre estuvo insistiendo a lo largo y ancho del mundo durante unos cuantos años, y es que a la globalización no habría que llamarla así, sino “Americanización”, porque el mercado global se estaba originando desde los US, y porque, fundamentalmente, el motivo de esa extensión al mercado global era la sobrecapacidad productiva de las empresas norteamericanas, independientemente del fenómeno de deslocalización que durante las últimas décadas se ha ido produciendo en la mayoría de empresas multinacionales.

A estas alturas es un hecho indiscutible que el Marketing y su poderosísimo instrumento, la comunicación comercial, (ahora ya no es cool llamarla Publicidad), está siendo capaz de exportar al mundo el American Way of Life, en lo que al consumo se refiere. Es solo cuestión de dinero, paciencia y buenas políticas marketinianas.

Pero, ¿realmente esa globalización del consumo está acabando con otros consumos más tradicionales?

Mi opinión es que no sustituye, sino añade otras formas de consumo al tradicional. Y ahí van dos ejemplos de dos países muy diferentes:

1. El primero es el nuestro propio, España.
Es cierto que tenemos MacDonalds, Starbucks y demás “importados”, pero los bocadillos, las tapas y las cafeterías siguen reinando por encima de todo.

Halloween, tontería consumista, que no ha sustituido ni a la castañada con sus Panellets ni a los huesos de Santo ni a los buñuelos de viento, también se ha instalado en nuestra sociedad para no marcharse.

Santa Claus vs. los Reyes Magos. ¿Qué os voy a contar? Todos los padres acabamos comprando unos cuantos juguetes por Navidad y unos cuantos más por los Reyes Magos. Y no entro aquí al debate de los Magos o las Magas, que promete convertirse en un tema recurrente en las próximas temporadas.

2. El segundo es China. Si existe un país en el mundo con tradiciones arraigadas en su sociedad, este es China.

Hace unos días, hablando del efecto “Merry Christmas”   圣诞节坏乐(Shengdan jie kuaile), un amigo chino me decía que para él esto no existía y que por supuesto no podría sustituir nunca al Año Nuevo Chino. Yo le pregunté si regalaban juguetes a los niños a lo que me contestaba que esa tradición no existía en China porque lo que se les regalaba (para celebrar el año nuevo) era dinero.


La realidad es que el día 26, a la puerta del edificio en el que vivo había un buen número de cajas jugueteras desechadas que los “cartoneros” que tanto abundan en Shanghai se encargaron de recoger.

La prensa local, incluso el China Daily, publica artículos contra esta forma de globalización consumista, pidiendo a la gente que la rechacen y defiendan las tradiciones milenarias y que se dejen de Navidades que no significan nada para ellos.

Pero es como machacar en hierro frío. No pueden con dos cosas:

Una, es el poder del Marketing multinacional.

Y la segunda, tan importante o más que la primera es el Marketing de los Shopping Malls chinos, o del comercio chino en general, que adoptan estas tradiciones foráneas y las impulsan a un colectivo que lleva años “despertando al consumo” y a la “modernidad”, y para los que es muy “cool” sentirse americanizados. Eso sí, el mes que viene, dragones y fuegos artificiales para celebrar el inicio del año del Mono.

Y así, hemos vivido una sobredosis de Santas Claus, campanas, renos y nieve de mentirijillas (este año no está haciendo frío aquí).

No hay centro comercial que no haya puesto Jingle Bells en la megafonía, árboles de Navidad, bolas, espumillón, y hasta una pista de hielo a la entrada, eso sí, más pequeñita que la del Rockefeller Center.


O sea, al no poder con la tradición, se crea una nueva y aquí paz y después gloria.  

莫耶稣Mo Ye Sú
Jesús Muñoz

上海,一月,7日,2016

Shanghai, 7 de Enero de 2016.

jueves, 21 de enero de 2016

UN DATO BRUTAL SOBRE LA DESIGUALDAD EN EL MUNDO

UN DATO BRUTAL SOBRE LA DESIGUALDAD EN EL MUNDO         

El 1% de la población planetaria acumula tanta riqueza como el 99% restante Y la cosa va a peor. 

Veo claro que el sistema está quebrado en el sentido social, y humanístico de la expresión. 
De hecho la perversión del sistema económico, según la cual la economía solo prospera si existe crecimiento, es el primer mandamiento de una doctrina que ya no vale si pensamos en el desarrollo futuro del mundo y en la gestión de sus recursos naturales.

Y ya no quiero ni pensar, si hablamos en términos de equidad, justicia social y compasión humana. 

Siempre he dicho que el ser humano es un fracaso de la naturaleza y cada día que pasa recibimos confirmaciones de este hecho. No puede ser que el propio ser humano acepte que su propia naturaleza acumule tanta dosis de maldad como para no hacer nada por remediarlo. 
Sí, sí, ya sé. Es cierto que ese 1% además controla los mecanismos del poder, las armas los ejércitos, y la información. 
Pero cuando vives en un sitio con tantísimos millones de personas en la calle, piensas que una rebelión de ese género tendría que poder vencer a los "otros pocos".
A veces me pregunto como he podido simultanear mi oficio publicitario, con el que he contribuido decisivamente a la construcción del sistema, con mi pensamiento humanista. y sí, tendríais razón si me lo criticaseis, aunque en mi fuero interno me acoja a la satisfacción de haber ayudado a muchos de los débiles a mejorar sustantivamente sus vidas en un entorno económico capitalista. 
Dentro de unos días se celebra ese "acto litúrgico del poder" que anualmente tiene lugar en Suiza (Davos) donde los representantes de ese 1% se reúnen para decidir como seguir aumentando esa desigualdad. Aunque se disfracen de humanistas y digan que ese es su trabajo y que se crean y creen la coartada de que es el hecho de hacerse tan ricos el que posibilita que exista eso que se llama clase media y que cada día se encoge más en el mundo occidental y vive la ilusión de crecimiento en el oriental y particularmente en China. 
Sé que a mí esto debería incumbirme poco dada la expectativa de vida que me queda por delante. Pero es doloroso pensar en la contribución que ha hecho mi generación al deterioro del mundo y lo difícil que os lo estamos dejando a los que venís detrás. Que no sé yo si podréis arreglarlo o seguiréis dejando un legado aún peor a los que vengan detrás de vosotros. 
Porque destruir el equilibrio social requiere no demasiado tiempo. Pero reconstruirlo....reconstruirlo es harina de otro costal. 
Y nosotros mientras tanto discutiendo sobre el flequillo de Puigdemont o si Rajoy pacta con Pedro Sánchez en una "conjura de los necios" (parafraseando a John K. Toole) que no va a ningún término decente.

Hoy una lágrima recorre la pantalla de mi portátil.


Jorge Gómez Monroy Ahí va, nuestro flamante presidente, a "volver a poner a la Argentina en el mundo" (Sic) a través del foro de Davos. Ahí va el mejor discípulo de Aznar y Rajoy, a abrirles las puertas a ese 1% de poderosos que, durante estos últimos 12 años de ausencia, no han hecho más que afilar los cuchillos y servir la mesa para disfrutar de este manjar que Macri les dará en bandeja. Yo también, querido Jesús, me he cuestionado nuestra participación, como publicitarios, en la construcción de estos monstruos, y el otro día lo comentábamos, con cierta pena, con cierta vergüenza, con un colega de aquí. Y llegamos a la conclusión, tal vez ingenua, de que el contexto en el que nosotros comenzamos a dar nuestros primeros pasos en la profesión, era totalmente diferente al de hoy. Que las empresas, grandes o pequeñas, nacionales o multinacionales, para las que trabajábamos, eran empresas que fabricaban productos o brindaban servicios que competían libremente en busca de una porción del mercado, en un mundo obviamente capitalista. Empresas que, por un lado, generaban fuentes de trabajo para miles de personas y, por el otro, a través de sus inversiones publicitarias, garantizaban la libertad e independencia de los medios de comunicación. De no haber creído honestamente en todo eso, de no haber podido aplicar en nuestro trabajo de cada día una ética que no es diferente a la que nos mueve hoy, probablemente muchos de nosotros no hubiéramos podido abrazar esa profesión. Lo que creo que no sospechábamos —y vuelvo a pensar en la palabra ingenuidad—, era que esas empresas dejarían de tener como objetivo la venta de productos y servicios para ganar dinero, y pasarían a descubrir un nuevo objetivo: dominar el mundo. Ya no son empresas, son corporaciones. Ya no fabrican productos, fabrican poder. Ya no ofrecen servicios, ponen al mundo a su servicio. Ya no buscan ganar dinero, buscan poner o quitar gobiernos. Ya no garantizan la independencia de los medios de comunicación, los compran y, desde ahí, consiguen con palabras e imágenes, lo que antes conseguían las fuerzas armadas con represión. Es más, hasta esa represión hoy les pertenece, porque sin balas y sin palos a su servicio, no hay pueblo que acepte semejante dictadura. Y nosotros, indudablemente, como generación y como profesionales, sabiéndolo o no, hemos alimentado a esos simpáticos pichones de monstruo. Podríamos ocultarnos o, incluso, suicidarnos. Pero tal vez podamos aprovechar esa pasión por la comunicación y algo de nuestra experiencia de vida, para crear espacios de reflexión como el tuyo que, modesta, pero eficazmente, actúen como antídoto. Un abrazo, querido amigo.



Shanghai, 22 de Enero de 2016.